Octubre 25, 2014
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El Reino De Los Cielos Se Ha Acercado

 
 

Esa√ļ Crespo

Introducción

El Evangelio de San Mateo nos habla de Cristo como el Rey de Israel. Toda la ense√Īanza del Evangelio de San Mateo est√° enfocada a demostrar que el Se√Īor Jesucristo es el Hijo del rey David y que, por lo tanto, tiene derecho a sentarse en el trono literal del pueblo de Israel. Los milagros, las ense√Īanzas, las circunstancias, etc., todo est√° enfocado a la verdad de que el Se√Īor Jesucristo es el leg√≠timo Rey de Israel. Pero el origen de este reino no es de la tierra, sino de los cielos, por eso se llama "El Reino de los cielos". Jesucristo le dijo a Pilatos: "Mi reino no es (no procede) de este mundo". La Biblia claramente ense√Īa que la procedencia del reino es del cielo, que los valores de ese reino no los de la tierra, sino del cielo como claramente lo ense√Īa Jesucristo en el Serm√≥n del Monte. Juan el Bautista nos habla en este pasaje del Reino de los Cielos; un reino que contrasta con:

El reino de Herodes:

Un reino de crueldad y barbarie donde no hubo ni el menor escr√ļpulo en asesinar a ni√Īos inocentes que eran vistos como amenaza al reino de aquel malvado rey. (Mat.2:16). El historiador Josefo en su monumental obra literaria hist√≥rica Antig√ľedades de los Jud√≠os nos dice que uno de los per√≠odos hist√≥ricos m√°s negros, crueles y sanguinarios fue, precisamente, el per√≠odo cuando gobern√≥ la dinast√≠a de Herodes el Grande. Todos los relatos de los cuatro Evangelios as√≠ como el libro de Hechos en cuanto a la familia herodiana, son negativos y con la suficiente informaci√≥n para tener un concepto apropiado de estos reyes: ellos fueron responsables de la matanza de los ni√Īos de Bel√©n; fue esta familia la que decapit√≥ a Juan el Bautista; fue esta familia la que particip√≥ directamente en la muerte del Se√Īor Jesucristo y fue esta familia la que asesin√≥ a Jacobo el ap√≥stol del Se√Īor y m√°s tarde trat√≥ de asesinar al ap√≥stol Pedro. La obra de Nicol√°s Maquiavello, El Pr√≠ncipe, s√≥lo es un cuentito de ni√Īos comparado con el gobierno de los Herodes.

El reino de Egipto:

Egipto fue un Imperio cuyos reyes en un afán de elevar su megalomanía se dedicaron a construir obras monumentales como La Esfinge o Las Pirámides, pero a costa de la vida de millones de infelices seres humanos que sucumbieron ante los bloques de piedra que tuvieron que arrastrar para la construcción de dichos edificios. El Rey de Israel durante su infancia fue llevado a ese reino para ser librado de morir asesinado por la mano criminal del loco rey Herodes. Hubo otros reinos tan crueles o peores, pero éstos los estamos mencionando porque están relacionados con el pasaje que estamos meditando.

El Imperio Romano:

En los tiempos en que naci√≥ el Se√Īor Jesucristo, el Rey de Israel, el mundo era gobernado por ese Imperio de terror que para mantenerse tuvo que masacrar pueblos enteros como lo demostr√≥ en el a√Īo 70 de nuestra era cuando aplast√≥ inmisericordemente al pueblo de Israel. El Imperio Romano es descrito en el libro del profeta Daniel con la figura de una bestia feroz y sanguinaria que hace a√Īicos todo lo que encuentra a su paso.

En contraste con estos reinos terrenales, el Reino de los Cielos que Cristo ya trajo, pero que est√° por manifestarse en forma p√ļblica y literal, es un reino de paz, de justicia, de amor, de santidad, donde la maldad, la rapi√Īa, la traici√≥n, la intriga y toda clase de detracciones no tienen lugar.

Juan el Bautista anunci√≥ este Reino de los Cielos en una presentaci√≥n de sencillez y pobreza. Vemos esta situaci√≥n en la persona de Juan el Bautista: su vestido, pieles r√ļsticas de animales; su alimentaci√≥n, langostas y miel silvestre; su habitaci√≥n, los desiertos de Judea. Su salario por predicar la Palabra de Dios, la filosa espada que le cort√≥ la cabeza para exhibirla delante de la refinada y culta corte del rey Herodes. A continuaci√≥n vamos a meditar en algunas verdades que la Biblia nos ense√Īa en este pasaje acerca del reino de los cielos.

I. La Oferta Del Reino De Los Cielos. (V.2)

Los israelitas habían experimentado en carne propia lo que era el reino terrenal: fueron gobernados por los egipcios, los pueblos vecinos adyacentes a la tierra de Canaán, los asirios, los caldeos, los griegos, los sirios, y en el tiempo de Juan el bautista, por los romanos. Todos esos reinos los habían tratado con crueldad y toda clase de humillaciones; reinos despiadados cuyos valores son diametralmente opuestos a los valores del Reino de los Cielos que están expresados con suma claridad en el Sermón del Monte. (Mateo caps. 5,6,7). Este reino Dios lo ofrece a todos los hombres para que lo puedan disfrutar eternamente, porque el deseo de Dios es tener comunión eterna con la criatura humana. Sin embargo, también debemos entender que Dios pone una condición muy sencilla:

II. El Arrepentiento Es La Condicion Que Dios Exige. (V.2)

El arrepentimiento es un cambio de mentalidad, una actitud conforme a la voluntad de Dios. Pero tambi√©n, el arrepentimiento es una actitud del coraz√≥n. Cuando la Palabra de Dios lleg√≥ a los o√≠dos del rey David que hab√≠a pecado contra Dios, √©l sinti√≥ dolor en su coraz√≥n porque hab√≠a ofendido la santidad de Dios. El rey David se arrepinti√≥ porque tuvo una actitud correcta tanto en su mente como en su coraz√≥n. A partir del arrepentimiento el creyente comienza a experimentar un proceso de perfecci√≥n; es decir, su vida de obediencia a la Palabra de Dios va en aumento cada d√≠a hasta alcanzar la madurez cristiana. El arrepentimiento tambi√©n nos hace capaces de confesar p√ļblicamente nuestra fe en el Se√Īor Jesucristo. La Biblia dice que aquellos que obedecieron la exigencia divina del arrepentimiento, confesaron p√ļblicamente sus pecados (v.6).

III. El Arrepentimiento Trae Al Hombre Otras Bendiciones: (VS.7-10)

  • Una vida de buenas obras. Las buenas obras no salvan a nadie, pero son el resultado de la experiencia de la salvaci√≥n. Las buenas obras Dios las exalta, pero despu√©s de la experiencia del arrepentimiento. Sin la experiencia del arrepentimiento y el lavamiento de nuestros pecados por la sangre que se derram√≥ en la cruz del Calvario, las buenas obras no valen nada delante de Dios. Hay dos pasajes b√≠blicos que son contundentes en cuanto a esta verdad que las buenas obras sin arrepentimiento no valen nada delante de Dios: PROVERBIOS 15:8 ; ISA√ćAS 64:6 El primer pasaje dice: "El sacrificio de los imp√≠os es abominaci√≥n a Jehov√°; mas la oraci√≥n de los rectos es su gozo". El segundo pasaje afirma: "Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia...".
  • Somos hechos miembros de la familia de Dios. (V.9) Los l√≠deres religiosos del pueblo de Israel se sent√≠an orgullosos porque eran miembros de la descendencia de Abraham, pero Juan el Bautista les hace ver que eso no vale para entrar al Reino de Los Cielos, que el Reino de los Cielos se recibe a trav√©s del arrepentimiento para con Dios y la fe en el Se√Īor Jesucristo. El pasaje nos ense√Īa que cualquier persona de cualquier nacionalidad, raza, lengua, etc. tiene la oportunidad de ser salvo por la fe en el Se√Īor Jesucristo. Todos los seres humanos nacemos con la maldici√≥n de la marca del pecado y el pecado es un nexo con el diablo y con la muerte, pero cuando le entregamos la vida al Se√Īor Jesucristo esos nexos de maldici√≥n quedan rotos y somos hechos miembros de la familia de la fe. La Biblia dice que ahora somos hijos de Dios y a√ļn no se ha manifestado lo que hemos de ser, pero sabemos que cuando El se manifieste seremos semejantes a √Čl porque le veremos tal como √Čl es. (I Juan 3:2) ¬°Qu√© privilegio m√°s grande el hecho de ser hijo de Dios y, por lo tanto, tener el privilegio de entrar con toda libertad a gozar del reino de los cielos!.
  • El bautismo del Esp√≠ritu Santo. Cuando el pecador se arrepiente y pone toda su confianza en el Se√Īor Jesucristo, en ese momento se opera el bautismo del Esp√≠ritu Santo. En el caso de Juan el Bautista, el bautismo del Esp√≠ritu Santo era un acontecimiento futuro porque era necesario el sacrificio de Jesucristo en la cruz del Calvario. Despu√©s que el Se√Īor Jes√ļs ascendi√≥ a los cielos vino el glorioso acontecimiento del Pentecost√©s en que el Esp√≠ritu Santo vino para quedarse permanentemente con y en la iglesia. El Esp√≠ritu Santo regenera al pecador, lo santifica, lo hace miembro de la familia de Dios. El Esp√≠ritu Santo es llamado el Consolador porque El est√° con los cristianos para consolarlos cuando √©stos pasan por diferentes tribulaciones. Desde el momento que una persona se entrega por la fe al Se√Īor Jesucristo, desde ese preciso momento el Esp√≠ritu Santo viene a morar en el coraz√≥n del creyente. El ap√≥stol Pablo dice que el creyente es el templo y la morada del Esp√≠ritu Santo de Dios.
  • Somos Librados Del Infierno. (VS. 10-12) Juan el Bautista habla en este pasaje de dos clases de bautismo: el bautismo del Esp√≠ritu Santo y el bautismo de fuego. Si los pecadores se arrepienten de sus pecados por la fe en el Se√Īor Jesucristo, entonces son bautizados por el Esp√≠ritu Santo, pero si los pecadores rechazan el mensaje del Evangelio, entonces s√≥lo les espera el bautismo de fuego que es la experiencia del infierno eterno. Algunas personas, bien intencionadas, pero mal informadas, han interpretado que "fuego" aqu√≠ en el pasaje implica poder, entusiasmo, etc., pero el contexto del pasaje no admite dicha interpretaci√≥n, sino que Juan est√° diciendo que si los pecadores rechazan la gracia de Dios, les espera al final el juicio eterno de una existencia en el infierno.

Conclusión:

Para gozar del Reino de los Cielos los hombres deben arrepentirse de todos sus pecados con los cuales han quebrantado los mandamientos de Dios y han insultado la santidad de Dios. Por la fe en el Se√Īor Jesucristo y el arrepentimiento para con Dios, hay perd√≥n de pecados y entrada al Reino de los Cielos.

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Pasaje

Mateo 3:1-12

1 En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea,

2 y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

3 Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo:
Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Se√Īor,
Enderezad sus sendas.

4 Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre.

5 Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán,

6 y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados.

7 Al ver √©l que muchos de los fariseos y de los saduceos ven√≠an a su bautismo, les dec√≠a: ¬°Generaci√≥n de v√≠boras! ¬ŅQui√©n os ense√Ī√≥ a huir de la ira venidera?

8 Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento,

9 y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.

10 Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.

11 Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

12 Su aventador est√° en su mano, y limpiar√° su era; y recoger√° su trigo en el granero, y quemar√° la paja en fuego que nunca se apagar√°.

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