Diciembre 20, 2014
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La Sensibilidad De Un Soldado

 
 

Esaú Crespo

Introducción:

Este hombre era miembro del todopoderoso Ejército del Imperio Romano. Tenemos abundante información histórica de este Imperio a grado tal que podemos hacer una exhaustivo análisis de este Ejército. La información procede de los Escritores latinos como: Tácito, Suetonio, Cicerón, Etc.

Veamos algunos ejemplos que nos ayudarán a entender el carácter del Ejército de dicho Imperio:

  • Arrojo

    Cuando los romanos conquistaron Inglaterra tomaron la decisión de quemar los barcos para no tener la oportunidad de huir, pues la consigna era vencer o morir. ¡Eso se llama arrojo!
  • Su disciplina

    Cuando se descubrieron las ruinas de Pompeya que fue sepultada por la erupción del volcán Vesuvio en el Año 79 de la Era Cristiana, los arqueólogos descubrieron las estatuas de dos soldados que permanecieron firmes en el cumplimiento del deber. Prefirieron morir.
  • Su crueldad

    Lo sabemos por la información del Nuevo Testamento que nos da el testimonio de cómo mataron a los tres hombres de una manera inhumana y mientras lo hacían se divertían echando suertes sobre la ropa del Señor.

En ese ambiente de arrojo, disciplina y crueldad había que destacarse para llegar a ser un Centurión. El Centurión tenía bajo su responsabilidad un pelotón de cien soldados.

Cuando leemos lo que la Biblia dice acerca de la conducta de este hombre llegamos a la conclusión de que no podemos condenar a todos los seres humanos por la conducta generalizada de la mayoría.

Este hombre echa por tierra lo que se llama sofisma de observación incompleta. Se le llama sofisma a la manera equivocada de razonar. A continuación mencionamos algunas afirmaciones de las personas en condenar a todo un conglomerado:

“Todos los policías son corruptos”.
“Todos los abogados son sinvergüenzas”
“Todos los pastores son pícaros”
“Todos los iraquíes son terroristas”.
“Todas las mujeres son iguales”

El ejemplo del Centurión nos enseña que un individuo tiene la capacidad de proceder diferente del resto de los demás.

¿Qué aprendemos de este hombre?

I. Su sensibilidad social

Este pasaje pertenece al tiempo de la esclavitud cuando la vida de un esclavo estaba a nivel de la vida animal. Lo común hubiera sido despedir al siervo enfermo y reemplazarlo por una más joven y fuerte, pero no procedió así este Centurión porque su corazón estaba lleno de sensibilidad social; es decir, no miró a su prójimo como un animal de carga, sino como un ser humano a quien ayudar en su necesidad.

  • El verso 2 dice que el centurión “amaba mucho” a su siervo.
  • Mostró preocupación por el siervo enfermo porque mandó a los ancianos a Jesús.
  • Su sensibilidad se ve también en el hecho de que mostró amor no sólo por su siervo, sino también por la nación israelita como bien lo testifican los ancianos de Israel.
  • Este hombre provocó la bendición de Dios porque el Señor dice que el que bendiga a la nación de Israel, será bendito.
  • Génesis. 12:3: “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré”.

    Individuos y naciones que han mostrado amor a la nación de Israel han recibido la bendición del Dios todopoderoso:

    • Los Estados Unidos
    • Inglaterra
    • Países del Norte de Europa

II. Su sensibilidad espiritual (vs. 6,7)

  • Lo que pensaba de sí mismo.

    verso 6 “…pues no soy digno de que entres bajo mi techo”
    verso 7 “por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti”

    Este hombre hizo lo que Jesús dijo en el Sermón del Monte (Mateo 5:3): “Bienaventurados los pobres en espíritu porque de ellos es el reino de los cielos”.

    Este hombre hizo lo que mas tarde haría el arrepentido malhechor de la cruz, al exclamar: “Nosotros a la verdad, padecemos lo que merecieron nuestros hechos”.

    El camino a la salvación comienza cuando el hombre reconoce su miseria espiritual.

    Su sensibilidad espiritual gozó de la bendición de Dios porque la Biblia dice: “al corazón contrito y humillado no despreciaras tú, oh Dios”.

    Tener un concepto adecuado de nuestra situación espiritual es bueno, pero queda incompleto si no enfocamos el aspecto de Dios.

  • La persona de Dios. Santidad
    • “No soy digno de que entres bajo mi techo”.

    • La persona de Dios: Poder.

    • “sólo di la palabra” El Centurión no ponía en duda Génesis 1 donde se nos enseña que nuestro poderoso Dios sólo habla y las cosas se hacen

    • La persona de Dios. Salvación.

      Jesús dijo de él: “Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe”.

III. Su sensibilidad a la obediencia.

  • Yo obedezco

    Al ser obediente tenía toda la autoridad moral para ser obedecido. El Centurión nos da una de las grandes enseñanzas en cuanto a la necesidad de que impere el principio del sometimiento a la autoridad.

    El imperio Romano fue lo que fue porque se mantuvo con celo y disciplina el principio de autoridad.

    El reino de Dios funciona bajo el mismo principio.

    Cuando se quebranta el principio de autoridad entonces viene el caos. Esto fue lo que pasó con Satanás; su orgullo lo llevó a la rebelión.

    • Este principio funciona en el hogar Efesios 5:21
    • Este principio funciona en la iglesia I Pedro 5:5
    • Este principio funciona en el Estado. Romanos. 13:1,2.

    Por eso el apóstol Pablo dice a la iglesia que tengamos cuidado con las personas que van a dirigir a los miembros de la congregación. En I Timoteo 3 se dan los requisitos que deben reunir los pastores del Señor y uno de ellos es que no sea un neófito (verso 6), es decir, un recién convertido porque puede envanecerse, es decir, llenarse de orgullo y, por la tanto de rebelión.

Conclusión:

Dios espera de todos, pero mayormente de los creyentes, a que seamos sensibles de los sufrimientos de nuestro prójimo, sensibles a la voz del Señor que nos habla por medio de la Biblia y sensibles a las demandas del sometimiento de los unos a los otros.

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Pasaje

Lucas 7:1-10

1 Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaum.

2 Y el siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir.

3 Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo.

4 Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto;

5 porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga.

6 Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo;

7 por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano.

8 Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.

9 Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.

10 Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.

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