Septiembre 16, 2014
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Diez Principios Que La Iglesia Primitiva Puso En Practica

 
 

Esa√ļ Crespo

Introducción:

Con frecuencia nos preguntamos cu√°l o cu√°les fueron las causas que hicieron posible que en tan pocos a√Īos aquellos d√©biles e intrascendentes galileos hicieron una monumental obra de propagaci√≥n del Evangelio a grado tal que sus enemigos tuvieron que afirmar que "hab√≠an trastornado al mundo entero". (Hechos 17:6)

Por supuesto, la pregunta anterior la hacemos los que estamos interesados en obedecer el mandamiento del Se√Īor de que su obra se lleve a cabo tal como El la dise√Ī√≥: en Jerusal√©n, Judea, Samaria y hasta lo √ļltimo de la tierra. Los creyentes de la iglesia primitiva no ten√≠an los recursos t√©cnicos con los que cuenta la iglesia en el siglo XXI y la oposici√≥n en aquellos d√≠as era peor que la amenaza de los gobiernos comunistas en los decenios anteriores y de la de los reg√≠menes de corte teocr√°tico musulm√°n como ocurri√≥ con los talibanes en Afganist√°n y como sucede en Ir√°n.

Sin embargo, a pesar de todos los contras de los primeros creyentes, la obra del Se√Īor se hizo tal como Cristo la orden√≥. Se tuvo que pagar un precio, pero por causa de Cristo, cualquier precio vale la pena. Observemos, pues, con cuidado la informaci√≥n b√≠blica y obedezcamos los principios que Lucas nos ense√Īa en este precioso libro llamado: "Los Hechos de los Ap√≥stoles".

1. Principio de la unidad. 1:4

Esta unidad es de la que habl√≥ el Se√Īor Jesucristo en Juan cap. 17. Esta unidad debe estar cohesionada por la doctrina b√≠blica y la presencia del Esp√≠ritu Santo. Ense√Īemos a los hermanos la importancia de la unidad; prediquemos los principios del Salmo 130. Esta unidad era resultado de un esp√≠ritu de oraci√≥n. A trav√©s del libro se nos ense√Īa que los l√≠deres de la iglesia enfocaron su ministerio en la oraci√≥n y la pr√©dica de la Palabra. En el cap. 6 la oposici√≥n surgi√≥ del seno de la iglesia misma, pero los hermanos con sabidur√≠a de Dios eligieron personas para que se dedicara al ministerio de la asistencia social y los l√≠deres dedicados a orar y a predicar el Evangelio del Se√Īor Jesucristo.

2. Principio de la apropiación del poder del Espíritu Santo. 1:8.

El Se√Īor Jes√ļs prometi√≥ que recibir√≠an el poder del Esp√≠ritu Santo. No se puede hacer la obra del Se√Īor sin la presencia del Esp√≠ritu Santo. Los salvos fundamentan la salvaci√≥n en tres pilares gloriosos de la fe cristiana: Bel√©n, El monte Calvario y el aposento alto en el d√≠a de Pentecost√©s: en Bel√©n tenemos el hecho hist√≥rico de la Natividad; en el monte Calvario tenemos el sacrificio expiatorio de Jesucristo y en el aposento alto tenemos la venida gloriosa del Esp√≠ritu Santo para quedarse con y en la iglesia; en Bel√©n Dios est√° con nosotros, en el Monte Calvario Dios muere por nosotros y en el Pentecost√©s Dios comienza a vivir en nosotros. Los creyentes no necesitamos otro Pentecost√©s como tampoco necesitamos otro Bel√©n y otro monte Calvario. Siempre la obra de Dios es perfecta.

3. Principio del liderazgo dirigido por el Espíritu Santo. 2:4,14

Los l√≠deres se sometieron a la direcci√≥n del Esp√≠ritu Santo. En los primeros cap√≠tulos del libro el hombre clave es Sim√≥n Pedro. Pedro hace uso de la autoridad que da el Esp√≠ritu y ning√ļn miembro de la iglesia puso en entredicho tal autoridad. El l√≠der que se somete a Dios tiene autoridad espiritual. Lucas cap. 7 nos informa que el Se√Īor Jes√ļs san√≥ al siervo de un Centuri√≥n y en dicho relato aflora el principio de autoridad. El Centuri√≥n era un hombre que obedec√≠a a su jefe y por tanto √©l tiene autoridad para dar √≥rdenes y que, por supuesto, se le obedezca. Con harta frecuencia observamos en las iglesias locales de l√≠deres que protestan hasta el cielo porque los dem√°s no se les someten, pero ellos no son obedientes ni a Dios ni a los que est√°n sobre ellos en la organizaci√≥n cristina. Los l√≠deres llenos del Esp√≠ritu Santo tienen autoridad espiritual para que otros les obedezcan.

4. Principio de la explicación de las Escrituras. 2:16.

Pedro explico el fen√≥meno a la luz de la ense√Īanza de la Escritura. Pedro no se preocup√≥ por darle explicaci√≥n cient√≠fica o psicol√≥gica al suceso de Dios. Se limit√≥ a decir el ap√≥stol que aquel acontecimiento ten√≠a una explicaci√≥n a la luz de las Escrituras. Todo predicador debe decir: "La Biblia dice"; el predicador no debe decir: "La iglesia dice", "Mi organizaci√≥n eclesi√°stica dice" o "Yo digo". Los ministros que predican la Palabra de Dios gozan de la bendici√≥n de Dios; las iglesias que predican la Palabra de Dios son estables y bendecidas por Dios.

5. Principio de la predicaci√≥n basada en la persona del Se√Īor Jesucristo. 2:22.

Pedro predic√≥ la Palabra enfoc√°ndola en la persona del Se√Īor Jes√ļs. Los ap√≥stoles exaltaron a Jesucristo. Jesucristo es el poder atractivo de la iglesia. Estimado colega predique a Jesucristo, ame a Jesucristo. El diablo odia al Se√Īor Jesucristo, pero nosotros los creyentes amamos a Jesucristo. Son millones de personas que creen en Jesucristo, pero son pocos los que aman a Jesucristo.

6. Principio del pueblo compartiendo a Jes√ļs. 3:31

Todos los creyentes debemos testificar de Jesucristo. Debemos compartir en el poder del Espíritu Santo. Recordemos que Dios dice que somos testigos; no somos jueces, ni abogados; somos testigos de Jesucristo y llenos del poder del Espíritu Santo.

7. Principio de la actitud positiva. 2:44,45.

En los ministros e iglesia del Se√Īor no debe haber negativismo ni esp√≠ritu de amargura. En el cielo no habr√° negativismo. El negativismo es una actitud que limita el poder y la soberan√≠a de Dios. En el cap√≠tulo 4 aprendemos que los ap√≥stoles fueron torturados, pero eso no los amarg√≥, sino que fue para ellos un motivo de alabanza al Dios soberano; en cap√≠tulo 16 los misioneros fueron azotados pero eso no los amarg√≥, sino que fueron provocados para seguir alabando al Se√Īor.

8. Principio de dar una invitación. 2:20

Debemos aprender a cosechar la semilla que sembramos. El ap√≥stol llam√≥ a la gente a Jes√ļs. Debemos informar a la gente con el mensaje b√≠blico, pero tambi√©n debemos retar a las personas a una decisi√≥n personal con respecto a la persona de Jes√ļs: La gente debe decir: "si", "no", "tal vez ma√Īana" o "nunca".

9. Principio de la adoración con gozo. 2:46

La gente quiere estar donde hay un ambiente de gozo. Nadie quiere estar donde se oyen cánticos parecidos a los fondos musicales de las películas de Drácula.

10. Principio del crecimiento cuantitativo. 2:47.

Cristo dijo: "Edificar√© mi iglesia". No es mi iglesia ni la iglesia suya, sino la iglesia del Se√Īor Jesucristo. Est√° bien claro en la Palabra de Dios que los principios que hicieron que la obra del Se√Īor se extendiera por todo el Imperio Romano estaban basados en una relaci√≥n adecuada de los creyentes con el Se√Īor Jesucristo. Yo le invito, estimado lector, a que haga una meditaci√≥n profunda de la Palabra del Se√Īor. Medite todo el libro de Hechos; h√°galo en oraci√≥n y pida al Se√Īor que le ayude a obedecer los mandamientos del Se√Īor y Dios bendecir√° su ministerio.

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Pasaje

Hechos 1,2

1:1 En el primer tratado, oh Te√≥filo, habl√© acerca de todas las cosas que Jes√ļs comenz√≥ a hacer y a ense√Īar,

1:2 hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido;

1:3 a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.

1:4 Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.

1:5 Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.

1:6 Entonces los que se hab√≠an reunido le preguntaron, diciendo: Se√Īor, ¬Ņrestaurar√°s el reino a Israel en este tiempo?

1:7 Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad;

1:8 pero recibir√©is poder, cuando haya venido sobre vosotros el Esp√≠ritu Santo, y me ser√©is testigos en Jerusal√©n, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo √ļltimo de la tierra.

1:9 Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos.

1:10 Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas,

1:11 los cuales tambi√©n les dijeron: Varones galileos, ¬Ņpor qu√© est√°is mirando al cielo? Este mismo Jes√ļs, que ha sido tomado de vosotros al cielo, as√≠ vendr√° como le hab√©is visto ir al cielo.

1:12 Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo.

1:13 Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo.

1:14 Todos √©stos perseveraban un√°nimes en oraci√≥n y ruego, con las mujeres, y con Mar√≠a la madre de Jes√ļs, y con sus hermanos.

1:15 En aquellos d√≠as Pedro se levant√≥ en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en n√ļmero), y dijo:

1:16 Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Esp√≠ritu Santo habl√≥ antes por boca de David acerca de Judas, que fue gu√≠a de los que prendieron a Jes√ļs,

1:17 y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio.

1:18 Este, pues, con el salario de su iniquidad adquiri√≥ un campo, y cayendo de cabeza, se revent√≥ por la mitad, y todas sus entra√Īas se derramaron.

1:19 Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre.

1:20 Porque est√° escrito en el libro de los Salmos:
Sea hecha desierta su habitación,
Y no haya quien more en ella; y:
Tome otro su oficio.

1:21 Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Se√Īor Jes√ļs entraba y sal√≠a entre nosotros,

1:22 comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección.

1:23 Y se√Īalaron a dos: a Jos√©, llamado Barsab√°s, que ten√≠a por sobrenombre Justo, y a Mat√≠as.

1:24 Y orando, dijeron: T√ļ, Se√Īor, que conoces los corazones de todos, muestra cu√°l de estos dos has escogido,

1:25 para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar.

1:26 Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.

2:1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.

2:2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;

2:3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asent√°ndose sobre cada uno de ellos.

2:4 Y fueron todos llenos del Esp√≠ritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, seg√ļn el Esp√≠ritu les daba que hablasen.

2:5 Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.

2:6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.

2:7 Y estaban at√≥nitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¬Ņno son galileos todos estos que hablan?

2:8 ¬ŅC√≥mo, pues, les o√≠mos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?

2:9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,

2:10 en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,

2:11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.

2:12 Y estaban todos at√≥nitos y perplejos, dici√©ndose unos a otros: ¬ŅQu√© quiere decir esto?

2:13 Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.

2:14 Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

2:15 Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.

2:16 Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

2:17 Y en los postreros días, dice Dios,
Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,
Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizar√°n;
Vuestros jóvenes verán visiones,
Y vuestros ancianos so√Īar√°n sue√Īos;

2:18 Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días
Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.

2:19 Y daré prodigios arriba en el cielo,
Y se√Īales abajo en la tierra,
Sangre y fuego y vapor de humo;

2:20 El sol se convertir√° en tinieblas,
Y la luna en sangre,
Antes que venga el d√≠a del Se√Īor,
Grande y manifiesto;

2:21 Y todo aquel que invocare el nombre del Se√Īor, ser√° salvo.

2:22 Varones israelitas, o√≠d estas palabras: Jes√ļs nazareno, var√≥n aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y se√Īales que Dios hizo entre vosotros por medio de √©l, como vosotros mismos sab√©is;

2:23 a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;

2:24 al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.

2:25 Porque David dice de él:
Ve√≠a al Se√Īor siempre delante de m√≠;
Porque está a mi diestra, no seré conmovido.

2:26 Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua,
Y aun mi carne descansar√° en esperanza;

2:27 Porque no dejar√°s mi alma en el Hades,
Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.

2:28 Me hiciste conocer los caminos de la vida;
Me llenar√°s de gozo con tu presencia.

2:29 Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.

2:30 Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono,

2:31 viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.

2:32 A este Jes√ļs resucit√≥ Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

2:33 Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.

2:34 Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice:
Dijo el Se√Īor a mi Se√Īor:
Siéntate a mi diestra,

2:35 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

2:36 Sepa, pues, ciert√≠simamente toda la casa de Israel, que a este Jes√ļs a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Se√Īor y Cristo.

2:37 Al o√≠r esto, se compungieron de coraz√≥n, y dijeron a Pedro y a los otros ap√≥stoles: Varones hermanos, ¬Ņqu√© haremos?

2:38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

2:39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que est√°n lejos; para cuantos el Se√Īor nuestro Dios llamare.

2:40 Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

2:41 As√≠ que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se a√Īadieron aquel d√≠a como tres mil personas.

2:42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.

2:43 Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y se√Īales eran hechas por los ap√≥stoles.

2:44 Todos los que hab√≠an cre√≠do estaban juntos, y ten√≠an en com√ļn todas las cosas;

2:45 y vend√≠an sus propiedades y sus bienes, y lo repart√≠an a todos seg√ļn la necesidad de cada uno.

2:46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,

2:47 alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Se√Īor a√Īad√≠a cada d√≠a a la iglesia los que hab√≠an de ser salvos.

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