Julio 31, 2014
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El Costo De Pecar Contra Dios

 
 

Esa√ļ Crespo
Introducción

El libro de Josué nos habla de la conquista que realizó Israel luchando con la ayuda de Dios para echar a los cananeos de aquella tierra, la tierra de Canaán. Moisés ya había muerto y la carga de guiar al pueblo de Israel estaba hoy bajo la responsabilidad de Josué.

Las victorias eran dadas por Dios quien iba al frente de su pueblo. Israel s√≥lo ten√≠a que obedecer las √≥rdenes de Dios dadas a trav√©s de su siervo Josu√©. Una de las verdades que aprendemos en este libro es sobre el fundamento de la obediencia a Dios para tener √©xito en toda empresa; tambi√©n se nos ense√Īa que el pueblo de Dios es uno solo y que la desobediencia de uno afecta a los dem√°s. Reviste mucha importancia el pasaje le√≠do porque a trav√©s del pecado de Ac√°n Israel estuvo a punto de perecer. El pecado de Acam parece insignificante ante nuestros ojos, pero ante los ojos de Dios, una peque√Īa desobediencia es tan da√Īina como el pecado m√°s vulgar que el hombre pueda cometer. Veamos, pues, que pas√≥ con el hombre de nuestra historia y c√≥mo afecto al resto de la comunidad de Israel.

I. La Advertencia Sobre El Pecado. (v. 10) (6:18,19).

En el caso que nos ocupa, Josué ya había advertido sobre el pecado de tomar el anatema (JEREN), o sea el botín que pertenece a Dios (6:18,19).
Aqu√≠ tenemos un caso de guerra santa porque quien en realidad peleaba era Dios, ya que Israel no estaba preparado militarmente para luchar contra los pueblos de Cana√°n. Los despojos que quedaban de las guerras pertenec√≠an exclusivamente a Dios, ya que eran el sagrado bot√≠n, y nadie, ni los sacerdotes, ni Josu√© ni los militares, pod√≠an tocar lo que correspond√≠a al Se√Īor de los ej√©rcitos de Israel.

La Biblia ense√Īa que Dios advierte a las personas sobre las consecuencias del pecado. Todos ten√≠an que saber que la victoria pertenec√≠a a Dios y la manera de demostrarlo era condenando al fuego todo el bot√≠n, para que de acuerdo a la mentalidad de aquellos tiempos, ni√Īos y adultos recordaran que la victoria en la guerra era m√©rito exclusivo de Dios. Dios no condena a nadie por sus hechos sin antes definir que tal hecho es pecado y que por lo tanto habr√° consecuencias para el que transgreda las leyes divinas. El ap√≥stol Pablo ense√Īa en la carta a los G√°latas que antes de la ley de Mois√©s la gente adulteraba, codiciaba, etc. Y eran sin culpa, pero cuando vino la ley entonces supieron que eso era pecado y culpables por cometer tales actos. Tenemos otros ejemplos en los cuales vemos la misericordia y sabidur√≠a de Dios ayudando al ser humano a trav√©s de sus leyes justas y santas.

  • Advertencia sobre los estragos del alcohol. (Proverbios 23:31-33).
  • Advertencia sobre el resultado del adulterio. (Proverbios 6:23-29).

    "El hombre es reducido a un bocado de pan".

  • Advertencia contra toda clase de pecado. (N√ļmeros 32:23).

    Sin embargo, a pesar de las advertencias de Dios, siempre habr√° personas dispuestas a hacer su propia voluntad sin importarles cu√°l es la voluntad de Dios; y esa fue la actitud de Ac√°n. √Čl sab√≠a que el bot√≠n le pertenec√≠a a Dios, y a√ļn as√≠ cometi√≥ su pecado contra Dios.

    Muchas personas creen que pueden pecar contra Dios y salirse con la suya, sin embargo, tarde o temprano la respuesta de Dios vendr√° contra los que deliberadamente pecan contra √Čl. En los siguientes puntos veremos qu√© fue lo que pas√≥ con Ac√°n.

II. El Pecado Consumado. (v. 21).

Jeric√≥ era una ciudad muy pr√≥spera y es evidente que los despojos que quedaron eran muy atractivos; sin duda que el c√ļmulo de riquezas era numeroso. Dicen los arque√≥logos que Jeric√≥ es la ciudad m√°s antigua del mundo; ella antecede a las pir√°mides de Egipto; por lo tanto, es f√°cil imaginar la cantidad de riquezas que la ciudad hab√≠a acumulado y que a cualquiera le despertaba la codicia. Se necesita tener bien arraigado en el coraz√≥n el temor de Dios para no caer ante tan llamativa tentaci√≥n.

  • El proceso del pecado. (v. 21).
    • Vi. Generalmente todo pecado comienza con la provocaci√≥n de un sentido; en este caso, fue la vista. La Biblia con frecuencia nos ordena que no demos este paso:

      Proverbios 23:31. "No mires el vino cuando rojea".

      Mateo 5:28. "Cualquiera que mira". El apóstol Juan dice en su Primera Carta Cáp. 2: 16,17: "Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre".

    • Codici√©. Resulta m√°s f√°cil evitar el ver que el codiciar. Cuando se llega a la etapa de la codicia, poco falta para consumar el pecado. La codicia, generalmente es provocada por aquello que no nos pertenece: Los bienes del pr√≥jimo, la esposa ajena. Esto resulta m√°s claro cuando leemos √Čxodo 20:17. Los sic√≥logos hablan de "la ley reversible de la sicolog√≠a" que consiste en que la gente es m√°s inclinada para hacer aquello que se le proh√≠be. El pecador encuentra m√°s atractivo lo prohibido que aquello que es permitido.
      • La codicia llev√≥ al rey Acab a que matara al justo Nabot para quitarle sus tierras. El rey Acab era riqu√≠simo en propiedades, pero no ten√≠a satisfacci√≥n tan grande como la de codiciar la peque√Īa vi√Īa de Nabot.
      • La codicia lleva a las personas a cometer toda clase de maldades. (Santiago 4.1,2).
      • La codicia arruin√≥ la vida de Budd Dwyer. Tesorero de Estado del estado de Pennsylvania. Por sus manos pasaron miles de millones de d√≥lares, al ver aquel caudal fabuloso se despert√≥ en √©l la codicia de dinero, pens√≥ que nunca ser√≠a descubierto, y cuando su desgracia sali√≥ a la luz fue enjuiciado y por la verg√ľenza de haber defraudado al fisco, a sus amigos, a su familia y al gobierno, decidi√≥ suicidarse ante las c√°maras de televisi√≥n poni√©ndose un tiro en la boca.
    • Tom√©. Consumaci√≥n del pecado. Ya no hubo manera de retroceder.

      Dios ha dado al ser humano mecanismos de defensa, pero hay momentos en la vida en que el hombre se encuentra en situaciones donde tales mecanismos ya no funcionan, tal es el caso del hombre que incuba en su alma el pecado de la codicia. En el caso de Acán, el orgullo y el egoísmo estaban satisfechos. Acán nunca pensó que sería descubierto su pecado.

      Así también ocurre con muchas personas que piensan que nunca serán descubiertos en sus maldades. No se puede jugar con Dios. (Vea 1ª. Timoteo 5:24).

      Cuando vemos el pecado que cometieron nuestros primeros padres, nos damos cuenta que hubo el mismo proceso: Vi, codicié y tomé. Eso fue el proceso del pecado, después vinieron las consecuencias y ya no hubo manera de retroceder, sino acarrear las consecuencias del pecado contra Dios. (Génesis 3:6).

III. Las Consecuencias Tr√°gicas Del Pecado. (vs. 15,24-26).

Pereció Acán. El pecado acarrea desgracias para la persona que lo cometa.

Pereció la familia de Acán. La familia sufre cuando uno de sus miembros peca contra Dios.

Sufrió el pueblo entero. El fracaso de los pueblos se origina en el fracaso de los individuos.

IV. Jesucristo Quiere Cortar Las Consecuencias Del Pecado.

En Jesucristo hay solución:

Al pecado.
A la culpa del pecado.
A las consecuencias del pecado.

Conclusión:

El ap√≥stol Pablo nos ense√Īa que la Escritura fue escrita para nuestra consolaci√≥n. Este pasaje fue escrito para ense√Īarnos que el pecado contra Dios por m√°s escondido y secreto que lo tengamos, siempre saldr√° a luz porque no hay nada encubierto que no haya de salir a la luz. Ac√°n escondi√≥ su pecado por alg√ļn tiempo, pero lleg√≥ el momento que fue descubierto y entonces vino la debacle para √©l y tambi√©n para su familia. La Biblia ense√Īa que todos somos pecadores, pero la Biblia tambi√©n nos dice que la sangre del Se√Īor Jesucristo nos limpia de todo pecado.

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Pasaje

Josué 7

1 Pero los hijos de Israel cometieron una prevaricación en cuanto al anatema; porque Acán hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá, tomó del anatema; y la ira de Jehová se encendió contra los hijos de Israel.

2 Después Josué envió hombres desde Jericó a Hai, que estaba junto a Bet-avén hacia el oriente de Bet-el; y les habló diciendo: Subid y reconoced la tierra. Y ellos subieron y reconocieron a Hai.

3 Y volviendo a Josué, le dijeron: No suba todo el pueblo, sino suban como dos mil o tres mil hombres, y tomarán a Hai; no fatigues a todo el pueblo yendo allí, porque son pocos.

4 Y subieron all√° del pueblo como tres mil hombres, los cuales huyeron delante de los de Hai.

5 Y los de Hai mataron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los siguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los derrotaron en la bajada; por lo cual el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua.

6 Entonces Josué rompió sus vestidos, y se postró en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas.

7 Y Josu√© dijo: ¬°Ah, Se√Īor Jehov√°! ¬ŅPor qu√© hiciste pasar a este pueblo el Jord√°n, para entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan? ¬°Ojal√° nos hubi√©ramos quedado al otro lado del Jord√°n!

8 ¬°Ay, Se√Īor! ¬Ņqu√© dir√©, ya que Israel ha vuelto la espalda delante de sus enemigos?

9 Porque los cananeos y todos los moradores de la tierra oir√°n, y nos rodear√°n, y borrar√°n nuestro nombre de sobre la tierra; y entonces, ¬Ņqu√© har√°s t√ļ a tu grande nombre?

10 Y Jehov√° dijo a Josu√©: Lev√°ntate; ¬Ņpor qu√© te postras as√≠ sobre tu rostro?

11 Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres.

12 Por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán la espalda, por cuanto han venido a ser anatema; ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros.

13 Lev√°ntate, santifica al pueblo, y di: Santificaos para ma√Īana; porque Jehov√° el Dios de Israel dice as√≠: Anatema hay en medio de ti, Israel; no podr√°s hacer frente a tus enemigos, hasta que hay√°is quitado el anatema de en medio de vosotros.

14 Os acercar√©is, pues, ma√Īana por vuestras tribus; y la tribu que Jehov√° tomare, se acercar√° por sus familias; y la familia que Jehov√° tomare, se acercar√° por sus casas; y la casa que Jehov√° tomare, se acercar√° por los varones;

15 y el que fuere sorprendido en el anatema, será quemado, él y todo lo que tiene, por cuanto ha quebrantado el pacto de Jehová, y ha cometido maldad en Israel.

16 Josu√©, pues, levant√°ndose de ma√Īana, hizo acercar a Israel por sus tribus; y fue tomada la tribu de Jud√°.

17 Y haciendo acercar a la tribu de Jud√°, fue tomada la familia de los de Zera; y haciendo luego acercar a la familia de los de Zera por los varones, fue tomado Zabdi.

18 Hizo acercar su casa por los varones, y fue tomado Ac√°n hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Jud√°.

19 Entonces Josué dijo a Acán: Hijo mío, da gloria a Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras.

20 Y Acán respondió a Josué diciendo: Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y así y así he hecho.

21 Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello.

22 Josué entonces envió mensajeros, los cuales fueron corriendo a la tienda; y he aquí estaba escondido en su tienda, y el dinero debajo de ello.

23 Y tomándolo de en medio de la tienda, lo trajeron a Josué y a todos los hijos de Israel, y lo pusieron delante de Jehová.

24 Entonces Josué, y todo Israel con él, tomaron a Acán hijo de Zera, el dinero, el manto, el lingote de oro, sus hijos, sus hijas, sus bueyes, sus asnos, sus ovejas, su tienda y todo cuanto tenía, y lo llevaron todo al valle de Acor.

25 Y le dijo Josu√©: ¬ŅPor qu√© nos has turbado? T√ļrbete Jehov√° en este d√≠a. Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron despu√©s de apedrearlos.

26 Y levantaron sobre él un gran montón de piedras, que permanece hasta hoy. Y Jehová se volvió del ardor de su ira. Y por esto aquel lugar se llama el Valle de Acor, hasta hoy.

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