Agosto 28, 2014
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Pruebas Irrefutables De Que Somos Hijos De Dios

 
 

Esa√ļ Crespo

Introducción:

El Se√Īor Jesucristo dice que muchas personas en el d√≠a final confesar√°n que fueron cristianas, pero tendr√°n una terrible sorpresa cuando el Se√Īor les diga que nunca les conoci√≥. La terrible advertencia se encuentra en el primer serm√≥n que registra el Evangelio de San Mateo (Mateo 6:21-23). La Biblia nos ense√Īa que no basta tener una doctrina ortodoxa, que no basta tener experiencias m√≠sticas, que no basta, incluso, predicar el Evangelio; La Palabra de Dios nos orienta para que tengamos confianza en que somos hijos de Dios si existen en nuestra vida las irrefutables pruebas de que somos hijos de Dios.

I. La posición de los hijos de Dios. (vs. 1,2).

A esto podemos llamarle la prueba teol√≥gica, es decir, que la Biblia afirma claramente que si creemos que Jesucristo es el Hijo de Dios, tenemos vida eterna. A trav√©s de las p√°ginas del Nuevo Testamento encontramos la ense√Īanza de que toda aquella persona que pone su confianza en el Se√Īor Jesucristo, Dios la recibe como parte de la familia de Dios. Para Dios esto es suficiente, pero debido a que en la vida hay tanto conflictos a los que se ven sometidos los cristianos, entonces Dios ha dejado otras pruebas para que estemos seguros de que somos hijos de Dios. M√°s adelante veremos esas pruebas de las que habla la Biblia.

  • "Mirad cual amor"

    "Mirad" tiene el sentido de reflexionar, discernir, gustar, percibir intelectualmente como en lo emocional. Conviene recordar las gloriosas palabras de Juan 3:16: "Porque de tal manera am√≥ Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unig√©nito, para que todo aquel que en √Čl cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". La prueba m√°s grande del amor de Dios es que entreg√≥ su Hijo en la cruz del Calvario para que los pecadores tengamos la esperanza de la vida eterna.

  • Nos ha dado el Padre (tiempo perfecto). El tiempo del verbo nos indica que en el pasado Dios nos am√≥, pero en el presente nos sigue amando y siempre nos amar√° como a hijos por causa de la personal en el Se√Īor Jesucristo.
  • Para ser hijos de Dios (v. 10). Otros son hijos del diablo. (Juan 8:44) La Biblia no ense√Īa una doctrina de salvaci√≥n universal para todos. Es verdad que Dios ama a todo el g√©nero humanos, pero s√≥lo son hijos de Dios los que creen en el Se√Īor Jesucristo, el √ļnico camino de salvaci√≥n. (Juan 1:12).
  • El mundo no nos conoce (no sabe de nuestra relaci√≥n filial con Dios). En los tiempos que naci√≥ el Se√Īor Jesucristo, su padre adoptivo, Jos√©, era conocido como un simple carpintero, pero si los l√≠deres de la naci√≥n jud√≠a hubieran respetado las leyes del reino de Israel y hubieran investigado los lazos geneal√≥gicos de Jos√©, entonces el rey de Israel no debi√≥ ser Herodes, sino Jos√© porque √©ste era descendiente directo del rey David y por lo tanto ten√≠a el leg√≠timo derecho de sentarse como rey en el trono de Israel. Esta ilustraci√≥n nos hace pensar en lo que ocurre con lo creyentes en el Se√Īor Jesucristo; la gente nos mira como personas raras, sin importancia, sin trascendencia; pero para Dios somos especiales porque somos sus hijos por la fe en el Se√Īor.

II. Las se√Īales de los hijos de Dios. (vs. 3-18).

  • Nos purificamos. (v. 3). A esto podr√≠amos llamarle la prueba moral. Esto nos indica que los cristianos nos apartamos del pecado que es ofensa contra Dios. En los tiempo presentes los factores culturales est√°n entretejidos con asuntos que tienen que ver con la moral cristiana, pero tenemos que pedir la sabidur√≠a de Dios para distinguir con di√°fana claridad la diferencia entra cultura y moral. Purificar tiene el sentido de dedicar la vida a Dios; es decir, que nuestro cuerpo que fue instrumento del pecado en la vida de incredulidad, ahora este cuerpo debe servir al Se√Īor. Purificar tiene el sentido de lavar. En el Salmo 51:7 el rey David pide a Dios que lo lave de sus pecados. El Se√Īor Jesucristo dice que los creyentes estamos limpios por la Palabra que nos ha hablado (Juan 15:3)
  • No practicamos el pecado. (vs. 4-6,8,9). La Biblia no ense√Īa que los creyentes ya no pecamos, pero la Biblia s√≠ ense√Īa que ya no practicamos el pecado, y cuando debido a las circunstancias adversas de la vida pecamos contra Dios, tenemos el recurso divino del perd√≥n. En la Primera Carta de Juan Cap. 2 aprendemos que el Se√Īor Jesucristo es nuestro abogado y que √Čl puede perdonarnos y limpiarnos de toda maldad.
  • Practicamos la justicia. A esto podr√≠amos llamarle la prueba social. Los verdaderos cristianos no son injustos con sus semejantes. Los verdaderos cristianos son justos en sus tratos con los dem√°s.
    • En el hogar.
    • En el negocio
    • En el trabajo.
  • Somos odiados por el mundo. (v. 13).
    • Nos odia porque no somos de √©l.
    • No participamos de sus obras. (Juan 15:19).
    • Mateo 5:11,12.
  • Amamos a los hermanos. (vs. 10-12, 14-18).
    • El que no ama a su hermano est√° muerto. (v. 14).
    • Ca√≠n no amaba a su hermano. (vs. 12,15).
    • La prueba de amor. (vs. 17,18).

Conclusión:

La Palabra de Dios nos ense√Īa que hay tres pruebas irrefutables de que los cristianos somos hijo de Dios: la primera prueba es la teol√≥gica, es decir, que la Biblia afirma categ√≥ricamente de que √©l cree en el Hijo de Dios tiene vida eterna; la segunda prueba en la moral, es decir, que el que cree en Jesucristo, se aparta de la vida de inmoralidad; y por √ļltimo est√° la prueba social, es decir que un verdadero creyente no odia a sus semejantes, sino que ama a todo el mundo comenzando por sus hermanos en la preciosa fe del Se√Īor Jesucristo.

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Pasaje

I Juan 3:1-18

1 Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.

2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y a√ļn no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando √©l se manifieste, seremos semejantes a √©l, porque le veremos tal como √©l es.

3 Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.

4 Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley.

5 Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.

6 Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.

7 Hijitos, nadie os enga√Īe; el que hace justicia es justo, como √©l es justo.

8 El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.

9 Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

10 En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.

11 Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros.

12 No como Ca√≠n, que era del maligno y mat√≥ a su hermano. ¬ŅY por qu√© causa le mat√≥? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.

13 Hermanos m√≠os, no os extra√Ī√©is si el mundo os aborrece.

14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte.

15 Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sab√©is que ning√ļn homicida tiene vida eterna permanente en √©l.

16 En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.

17 Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra ¬ŅDios en √©l su coraz√≥n, c√≥mo mora el amor de √©l?

18 Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

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